En el transcurso de los años me he dado cuenta que nada es lo mismo, que nada es igual, que todo cambia y uno tiene que estar actualizado en todo. Recuerdo como si fuera ayer, la noche que llegué a la Universidad para estudiar teología; fue emocionante todo el viaje y por fin en la universidad. La alegría era tremenda, los sueños realizados; el inicio del tramo pastoral ya estaba; pero había un problema no tenía la documentación suficiente, estaba difícil proceder a la inscripción; el plazo para la matrícula culminaba, y yo nada. Así que un día jueves en la mañana fui a clases como si ya lo estuviera, en el transcurso, ingresó el decano de la facultad diciendo, que ese mismo día viajarían a La Paz a hacer la campaña de evangelismo por dos semanas, con los pasajes pagados, la estadía, la comida; y el que no se encuentre matriculado hasta la 5:00 de la tarde de ese día, no podrá ir y obviamente no accederá a lo demás. Me preocupé, mi fe vaciló. Pero allí estaba en mi cuarto, ya pretendiendo retornar para casa. Allí un amigo me dijo, viajaste tan lejos para nada, Obed mírame, Dios te a traído, y si él te a traído, lo ha hecho para que ejerzas un ministerio y para triunfar. Oramos y me conforté. En La Paz de igual forma; ya habían pasado días y yo no llevaba al bautismo a nadie, mis compañeros ya lo habían hecho pero yo no. Probé a Dios aquella noche en la soledad y él me oyó; y así ya pasaron años, solo que los primeros trabajé por Cristo, como nunca lo había hecho; trabajé por amor, y nada por mérito, ni dinero o fuerza. Pero el amor, el entusiasmo, las ganas, el ánimo se estaba perdiendo en mí, y yo era consciente de aquello. Ya no era como antes, ha cambiado muchas cosas; empecé a mirar este trabajo lindo, académica solamente, cumplir con lo que me pedían solamente, a hacer los temas en el último día, a dejar de lado las visitas y centrarme en la iglesia. Mi fe, mi amor, mi grande sueño, mi vocación, se volvió una rutina de trabajo solamente; parece que perdí el amor. Me pregunte allí, ¿será que los pastores ordenados, ejercen su ministerio rutinaria mente?, ¿Será que ellos ya cayeron en la rutina laboral?, ¿será que ellos solo cumplen por cumplir? A Dios le doy gracias porque hay respuesta en su palabra.
Es Dios que llama a sus siervos es Dios que los capacita, que los instruye, y los envía y cuando faltare la fe el suplirá toda necesidad que falte. La promesa de Dios es clara. “Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.” (Is. 41:9).
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